Ágatha de los vientos, Foro Sor Juana Inés de la CCU

 

http://www.cronica.com.mx/notas/2013/787648.html

María Teresa Adalid

Agatha de los vientos es un montaje teatral que evoca la infancia y su capacidad de imaginación para transformar la realidad a través de sueños, los cuales ayudan a sobrellevar las desavenencias de la cotidianeidad.

En este contexto, la protagonista Agatha desarrolla un mundo onírico a partir de que vuelve a tener contacto con su niña interior. La historia que vive se construye a partir de unir retazos de sus recuerdos, juguetes y las vivencias al lado de su padre, quien fue un piloto aviador que entregó cartas alrededor del mundo.

“Se lleva a cabo en el territorio único de vida que nos fascina a los seres humanos: la infancia, a pesar de que ésta haya sido terrorífica. Es la etapa que más disfrutamos porque es el período del conocimiento y acercamiento con el mundo que nos rodea. En la infancia padecemos el amor desde muy temprano, en el kínder hay celos, peleas, sufriste el primer desamor, rechazo, amistad, te enamoras por cuarta vez y finalmente te enteras de que no eres el único”, cuenta el director Mauricio Jiménez.

Por eso, agrega que a través de la imaginación y la ficción es posible reencontrar a una hija con su padre y alejarse de una cruda realidad.

“En la historia parece que el padre desapareció cuando Agatha era muy pequeña, pero luego vemos que en realidad no ha desaparecido, está ahí con el milagro y magia del teatro que logra que tengamos presente a los muertos, el público decide si están muertos o no”, añade.

Así, la relación entre piloto y copiloto estrecha lazos mientras trazan su destino encima de un enorme mapamundi. En cada región que pisan exploran historias, conocen nuevos personajes y acercan familias mediante la escritura y lectura de cartas. El viento, el vuelo, la libertad de volar es la oportunidad de experimentar, equivocarse y volver a levantarse, parte del desarrollo humano.

“El vuelo es una metáfora. La aspiración y sueño es volar porque es el punto de aprendizaje moral, cuando se aprende a ser valiente,  a perder el miedo,  a tener coraje, a amar, a distinguir el amor filial del amor fraterno, entre otras cosas. Ése es el viaje que se emprende y plantea, un periplo, una gran aventura por la vida. Por ejemplo en una familia de pichones cuando nacen no saben volar, las palomas avientan a sus crías a las orillas, éstas salen del nido y levantan el vuelo”, agrega.

Indica que actores adultos interpretan al padre, hija y abuela respectivamente pero no exponen al mundo infantil ridiculizándolo, por el contrario, se abordan las bondades que existen en la infancia.

“Los actores no se hacen pasar por niños, exploran su parte infantil como adulto y se plantea la grandeza del juego, por eso a nivel de dirección se conjunta un trabajo corporal que acompaña al texto aunado a detalles como el cine a mano porque nos da oportunidad de crear algo más rudimentario, imaginativo y hermoso. Se dibuja y desdibuja con las manos”.

Agatha de los vientos, con Diana Fidelia, Tomás Rojas y Adriana Olivera se presenta hasta el 15 de diciembre, en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz del Centro Cultural Universitario. Sábados y domingos a las 12:30 horas.

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