El amante de Harold Pinter, Teatro Santa Catarina

María Teresa Adalid

Periódico Crónica, Domingo 3 de abril 2011

Sección Cultura

Título: El amante, el absurdo que hay en la relación de pareja

http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=570351

 

Montaje. Los actores Antonio Rojas y Marina de Tavira en una de las escenas de El amante. foto: Miguel Díaz

Montaje. Los actores Antonio Rojas y Marina de Tavira en una de las escenas de El amante. foto: Miguel Díaz

 

“La obra El amante, de Harold Pinter, perturba a cualquiera, porque el hecho de aceptar con tranquilidad que tu esposa reciba en tu  casa a su amante cuando te ausentas, es perverso”, señala el actor Antonio Rojas, quien encarna en esta puesta de la UNAM a Richard, el marido que cumple las fantasías sexuales de su esposa Sara.

“¿Viene tu amante hoy?, es la primer frase que suelta Richard de manera natural y sin reproche. Por eso el público se desconcierta, pues ve a una pareja tradicional: el señor va a trabajar y la señora se queda en casa, como lo marca la tradición; pero después recibe a su amante bajo el consentimiento del marido”, comenta Rojas.

En este sentido, dice que la intención de Pinter es destacar el rol sojuzgado que ha mantenido la mujer a lo largo de la historia, desde su casa, la familia, su relación con la sociedad y cómo lo vive desde su interior. Por un lado es una mujer tradicional, intachable, y por otro, una mujer de cascos ligeros que disfruta del sexo sin remordimiento, entre el deseo carnal que le despiertan dos hombres que comparten su cama.

“Otro punto son las negociaciones y contratos no dichos que se asumen en pareja, los roles como el servir el café por la mañana. Nunca se dijo quién lo iba a hacer, pero pasan los años y alguien asume la tarea. Cuando se falta a ese contrato viene un problema en la pareja, surgen extrañezas en el comportamiento cotidiano y es el momento en que Sara y Richard negocian su relación hacia a un nuevo estatus”.

Antonio Rojas señala que conforme avanza la historia el público aprecia escenas cómicas y brillantes del autor londinense que hacen dudar si la propuesta se refiere a un relato absurdo o una situación realista. “Nos damos cuenta que nuestra apreciación inicial quizá fue errónea. Pinter toma a esta pareja para darnos la posibilidad de observarnos como sociedad desde los cimientos. Estamos acostumbrados a hablar en sentido macro de política, cultura, economía y cómo será el poder en 2012, pero rara vez nos detenemos a reflexionar y hablar de cómo se tejió todo este entramado social del cual formamos parte y repercute en nuestra relación con la pareja, amigos, y la sociedad”.

Define a la historia escrita en 1962 y actualizada para nuestros días como redonda, llena de ambigüedades y doble sentido, por lo que es imposible de encontrar una lógica cartesiana. “La ambigüedad consiste en que el marido sea al mismo tiempo el amante, pero otra posibilidad es que sea otro hombre y después el marido tome el rol de amante al final de la obra. Se presta a diferentes lecturas por la magia del teatro, esto en cine es imposible de hacer porque hay que poner a otro actor para que se entienda que es otro el amante; si lo hace el mismo actor el público adivina que la misma persona es marido y amante. Pinter no responde a las preguntas, plantea otras con inteligencia y humildad, que permiten observar con más detalle la vida cotidiana

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